El funeral de Jesús Norberto, conocido como “el 30”, se convirtió en un espectáculo sin precedentes que ha captado la atención de todo México y más allá. Celebrado en Sinaloa, el evento se transformó en una ostentosa exhibición de poder del cártel de Sinaloa, donde los gastos superaron los millones de pesos. Flores importadas, arreglos florales que valían más que un automóvil, y una banda de corridos que tocó en vivo marcaron la despedida de uno de los hombres más temidos del narcotráfico mexicano.
La ceremonia, que se llevó a cabo en un cementerio, fue un despliegue de lujo que dejó a los asistentes atónitos. Cada corona de flores, enviada por la familia Zambada y otros aliados, simbolizaba no solo el respeto, sino también un mensaje claro: el cártel sigue fuerte. Las imágenes del funeral inundaron las redes sociales, generando un torrente de comentarios que oscilaron entre la admiración y la crítica por el contraste con la pobreza que vive gran parte de la población mexicana.
El ataúd, importado de Italia y adornado con errajes dorados, brillaba bajo el sol, mientras los acordes de un corrido especialmente compuesto para la ocasión resonaban en el aire. Este no fue un simple funeral; fue una declaración de principios en un contexto de violencia creciente. La rapidez con que se organizó el evento, pocos días después del operativo militar que acabó con la vida de “el 30”, sugiere que la familia Zambada ya tenía planes de contingencia ante su posible muerte.
La respuesta del cártel no se hizo esperar. Apenas 48 horas después, el asesinato del comandante Nitro, responsable del operativo, desató una ola de violencia que amenaza con desestabilizar aún más la región. Este funeral, más que un acto de despedida, fue un recordatorio escalofriante de que el narcotráfico sigue vigente y que las repercusiones de esta guerra se sienten en cada rincón de Sinaloa. Las calles están en alerta, y el eco de este evento resuena con la advertencia de que la lucha por el poder en el narcotráfico apenas comienza.