La Escuela Naval Militar de Marín fue testigo hoy de un momento histórico y conmovedor que quedará grabado en la memoria de todos los españoles. La princesa Leonor, en un acto cargado de emoción, entregó su sable al rey Felipe VI durante la ceremonia de condecoración en la que recibió la Gran Cruz del Mérito Naval. Este gesto, inesperado y lleno de simbolismo, desbordó orgullo y admiración, y dejó a todos los presentes visiblemente conmovidos.
El reencuentro de la familia real, que no se veía junta en actos oficiales desde octubre del año pasado, añadió un aire de expectación a la jornada. Con la presencia de la reina Letizia y la infanta Sofía, la ceremonia comenzó con honores militares, aplausos y la interpretación del himno nacional, mientras el sol brillaba sobre el buque escuela Juan Sebastián de Elcano, anclado en la ría de Pontevedra.
La princesa Leonor, vestida con el uniforme blanco de verano de la Armada, se acercó al podio para recibir la distinción de manos de su padre. La entrega del sable, un símbolo de respeto y conexión entre padre e hija, fue interpretada como un agradecimiento por la guía y el legado que el rey ha proporcionado a su hija. El abrazo que siguió entre ambos encapsuló un momento de orgullo y continuidad dinástica que resonó en los corazones de todos los asistentes.
El director de la escuela, Pedro Cardona, destacó en su discurso los valores de la Armada, mientras que la ceremonia concluyó con la interpretación de “La muerte no es el final” y el himno de la Armada, entonados por el rey y la princesa. Este acto no solo celebra el logro de Leonor, sino que también reafirma su posición como una de las royals más queridas, superando incluso a la princesa de Gales, Kate Middleton.
Sin duda, este día marca un hito en la historia de la familia real española y deja entrever un futuro brillante para la princesa Leonor, quien ya es considerada por muchos como la futura mejor reina de España.